11.15.2004

¿Y ahora qué?

Por Majandra

Ya estamos finalizando el año y algunos hemos comenzado a “evaluar” lo sucedido en estos meses. Las risas y los llantos; alegrías y penas; triunfos y derrotas; el ocio y el trabajo... Todo está siendo procesado, pronto a ser analizado por esta cabeza loca que quiere sacar sus propias conclusiones.
Comienzo preguntándome lo más fácil: ¿Estoy conforme con mi desempeño académico? Y tras la inquietud aparecen las imágenes del primer semestre, cuando el ser ayudante de Español me tenía contenta, cuando pensé que Economía no sería un problema y cuando gozosa descubrí que Periodismo Interpretativo no era un monstruo verde al que había que temer.
Me veo a mí misma escribiendo ensayos que resultaron ser buenos, perdiéndole el miedo a ser leída y también olvidado ese tonto temor a hacer el ridículo. Me veo sonriente en esa fría Calle del Encuentro, buscando desesperadamente a Harry Potter o mirando a escondidas a la escurridiza Mcpresa.
Y también las veo a ellas. A esas niñas preciosas que son mis amigas. Esas tiernas aspirantes a periodistas que hacen que las horas de clases sean menos tediosas y más cálidas.
Pero luego todo se nubla y pienso en que éste ha sido el peor año en mi carrera. Reprobar Economía por segunda vez, perder a mi querido Bernardo Soria, sentirme desprotegida en esas paredes de concreto que no eran nada mío y desear escapar del Periodismo lo más pronto posible.
Recuerdo despertar amargada, con deseos de desaparecer del mundo y esconderme en el universo de mis sueños. Recuerdo las tardes en las que sólo pude embriagarme, pensando que con un par de copas en el cuerpo la vida no sería más n bodrio. Recuerdo y Recuerdo.
El tiempo ha pasado y el balance no mejora. Mis notas están por el suelo, mi asistencia es alarmante y por si fuera poco quizás no me importe tanto como yo pensaba.
Me levanto con la certeza de que ya está todo perdido, incluso él...Ese que por tanto tiempo pensé podría ser mío. Ese que alimentó mis fantasías y que hoy no es más que un fiasco. Otro más en mi vida.
Pero tampoco parece importarme. En realidad da lo mismo, si al fin de cuentas, lo que importa es algo que está más allá... Algo que no estoy segura de poder expresar.
Quizás el hecho de ver a Morrissey y PJ Harvey en el Santiago Urbano Electrónico sea un motivo suficiente para no dar por perdido este año. Quizás el haber cumplido mi propósito literario, también lo sea. En fin, tantas cosas que después de todo no han hecho de este año un desperdicio de meses, días y horas.
Y es que pese a que en el 2004 nada salió como yo quería, los hilos de Mr Destiny no se portaron tan mal. No aprendí nada, no saque moralejas y de seguro estoy cometiendo los mismos errores de siempre, pero soy feliz.
Soy feliz, porque me tengo a mí misma y porque tengo un mundo entero esperándome. Porque me da lo mismo que no sea convencional y creo que tengo todo a mi alcance para ser feliz. No necesito más. Ni buenas notas, ni pololos, ni reconocimiento ni tampoco una talla 38. No, nada más que yo.
Y después de reflexionar por largo rato sobre este papel en blanco, pienso que el 2004 ha sido un año excelente en el que viví con intensidad. No dejé de hacer nada y tampoco hice más de lo que debía. Sólo lo justo, sólo lo necesario... Tan sólo “vivir”.